Hay que ver, Machín, cuánta razón cantabas: “toda una vida”.

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Hay notas biográficas que merecen la pena escribir porque mejor uno que las sabe que no las escriban otros que las inventan. Y aunque la página trata de cuestiones más generales, las particulares siempre pueden ser saludadas, sobre todo en tiempos estivales, sin caer en ser Semana o Sálvame, si son sinceras y se toman en parte como método de razonamiento que parte de conceptos generales o principios universales para llegar a conclusiones particulares, léase aquí la teoría de Sternbeng y el aniversario de la pareja.

A los amigos les gustará compartir esta alegría festejada en pareja con simple comida fuera, y a los enemigos, a los enemigos que les den…, amor, a ver si lo entienden.

 

 

Decía en el titular “Toda una vida”. O casi toda. La vida. Porque tal día como hoy, también “facía un sol de carallo”, en playa América encontré a mi compañera de viaje por la vida. Paloma. Fue hace cuarenta años y desde que la vi no la solté, su atractivo me atrapó con la pasión propia de los veintidós, ella tan solo dieciocho. La teoría triangular del Amor de Sternberg lo llamaría encaprichamiento, o “amor a primera vista” o “flechazo”, sin intimidad ni compromiso. Después, al cabo de nada, a la pasión se unió la intimidad que provocó el “Cariño” que apunta la misma teoría y que trata de vivir el momento sin mirar el futuro y que es propio de relaciones de verano. Ni que se inspirara el psicólogo estadounidense.  ¡Ah!, pero hete ahí que desde entonces hasta hoy han pasado mil historias, hijos y nietos comunes, sorteadas circunstancias extremas que sujetaron firmemente cualquier posible duda que los cruces de un largo camino pueden levantar con su pareja; pasaron miles de días y millones de instantes en que esa piel, que me sé de memoria mejor que la mía propia, me abrigó frente a esa soledad fría que es innata a nuestra condición humana y que a veces nos petrifica de hielo si no hay calor humano que la combata. Aquí ya el amor consumado, que a los dos componentes anteriores se suma el compromiso propio de todo lo vivido y, diría, lo que nos quede por vivir. Paloma es un regalo para el mundo, soñadora, alegre y divertida, hermosa como ninguna, y aunque los años modifican valores y prioridades tiene el atractivo intacto que en su día me atrapó y que no perderá ni con biznietos, porque “así” de mágica, como una sirena que tanto le atrajo siempre, salió esta mujer.

 

 

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