De plazas, ferias de antigüedades, reclamos peligrosos, y entrevista imprescindible a Jonathan Haidt para leer.

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Y qué bonita es la Plaza de la Magdalena limpia de elementos mobiliarios de negocio hostelero.

La feria del mes

Fui el domingo pasado. Y es que cada primer domingo de mes hay feria de antigüedades en la plaza Mayor de Ourense. Fui y compré un libro de Cunqueiro. Lamas compró uno sobre Otero Pedrayo, su entierro, y allí vi nuevamente en fotografías a mi padre que llevó con otros su féretro (se puede identificar fácilmente porque se apoyaba en una muleta a causa de una lesión de su pierna izquierda), al igual que en otra velando en casa del patriarca su cuerpo, que había embalsamado él mismo

Un libro y un entierro, que me desentierran de la memoria al que estaba vivo entonces en la fotografía y que hoy cría malvas que el otro ya muerto. En esta feria se pueden encontrar estos libros que en cualquier librería no encuentras, y que resulta interesante desempolvarlos de vez en cuando. Estuve a punto de comprar también un objeto, una “lechera” antigua para pintarla y ponerle flores a la entrada de elcercano, pero son muchos los gastos que soportamos y 50 eurazos no viene bien a veces a los modestos de billetes.

Lo que más me incomodó de la mañana fue ver como las terrazas de los locales de hostelería (cada vez que voy a la Plaza Mayor las veo más amplias), desplazan al mercado fuera de la plaza para extenderse hacia la calle Marañón. Allí quedan esas mesas y sillas que en soleada mañana acogen con caricias al público acrítico sin que nadie las recoja para que la feria envuelva la plaza como hacía antes, al menos como yo recuerdo. Me indigna el pasotismo que favorece a los que parecen “amigos” del poder municipal y que contravienen cuestiones denunciadas mil veces debido a sus excesos y abusos mientras a otros nos castigan porque… porque no les chupamos el culete; pues que lo sepan, que nunca nos verán las lenguas manchadas de tal mierda. Y disculpen esta forma de decir.

La chica que me busca y no me encuentra

Bueno, realmente es una mas de tantas que piden amistad por las redes. En verdad es que el primer impulso es decir que sí, ¡coño, quien no se recrea con la belleza!, pero rápidamente comprende uno que hay gato encerrado, sobre todo cuando ve el perfil y son todas fotografías posadas de un cuerpo insinuante que te hará caer en la trampa. No gusto de esta amistad, a pesar de ver el reclamo de su imagen al lado del mar, además. Ulises.

Jonathan Haidt: «Si ustedes aceptan la censura están perdidos»

Pincha y lee la entrevista publicada en EL MUNDO por Cayetana Alvarez de Toledo a este psicólogo social, que no tiene desperdicio ninguno

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